Por Blue

Llegar a la comunidad indígena de Camiaco en tiempos de lluvia no es tarea fácil. Por momentos la ruta gredosa hacia el hogar de los Moxeños Trinitarios de Loreto, en el departamento del Beni, nos lanzaba a un costado del camino, muy cerca de anegados pantanos que había a un costado. Delante de nosotros el conductor de una camioneta cargada con una docena de personas en su carrocería se había dado por vencido, trancando la vía mientras sus llantas quedaban enterradas en el barro en medio de los rostros de preocupación de sus ocupantes. Para suerte de todos, logramos ayudarle a salir, y ambos continuamos nuestro recorrido.
Pero en medio de aquel caos, un solitario y anciano comunero venía a pie desde Camiaco. Sorteando a su paso el intempestivo camino, mientras entonaba una canción, fumaba un cigarro casero y cargaba un hacha sobre su hombro izquierdo. En manos llevaba consigo una lata con tabaco humeante “pa’ espantar los mosquitos”, como me dijo sonriente, mientras me daba la bienvenida a Gran Mojos, la nueva reserva de los loretanos.
La verdadera felicidad está en lo simple, y en el campo lo saben.